a la Tortuguita Terca y Vencedora

El viaje parece interminable.
Hay luz, allá arriba. O en algún sitio, ya la orientación se diluye
entre burbujas
como lunas.

Aire
y luz.
¿Calor, quizás?

La soledad abismal de este azul profundo, soledad que se desmiente en la multiplicidad de sonidos y precipitaciones.

El miedo es quizás distinto a aquél del primer viaje, ya no son garras y dientes lo que persiguen. Ahora es difícil ponerle un rostro al depredador. ¿Es, quizás, la soledad, esa compañera fiel?

El primer viaje.
Con el terror como guía. Y el mar, esa fuerza indestructible. Atractor extraño e invencible.

El aire, finalmente.
Torbellino de fuego en los pulmones. Y, sí, calor. Luz, sol encegedor y reconfortante.

Invencible.
La verdad es que esos primeros cien metros fueron
mucho más interminables.

Invencible,
de puro terco.