Sí, en vez de paraíso perdido, las Islas Rawaki (también conocidas como Islas Fénix) se han convertido en el paraíso encontrado. En 2006, el gobierno de Kiribati creó una de las más grandes reservas marinas, el Area Protegida Islas Fénix (PIPA: Phoenix Islands Protected Area, 184,700 km²), y la primera en incluir zonas de océano profundo (ver noticia aquí). A finales de Enero, el área fue aumentada a 410,500 km², pasando a ser la reserva marina más grande del mundo (ver noticia aquí). Esta decisión no viene sin costos a corto plazo para los Kiribatianos, ya que gran parte de la pesca en el area protegida está (evidentemente) prohibida. Sin embargo, al servir de reserva (o como a muchos les gusta llamarlo, santuario) para gran cantidad de peces, la pesca en las restantes islas de Kiribati se beneficiará enormemente. Igual que la pesca en el resto del océano, ya que muchas especies pelágicas recrutan entre los colores y formas mágicas de los arrecifes de Rawaki.

Eso sí, ahora a ver qué tan bien se cumplen las vedas, lo cual es bien difícil de implementar en un lugar tan remoto. Parte de los costos de monitoreo y vigilancia los cubren Conservation International y el New England Aquarium.

Esta maravillosa noticia no viene sin su beso de aguamala. A pesar de lo remoto y protegido de los arrecifes de coral, y de que su estado fue declarado pristino luego de diversas expediciones (por ejemplo, en 2000 y 2002 por la NAI'A), los corales han comenzado a sufrir de blanqueamiento, una de las consequencias del calentamiento global. El reporte, resultado de una expedición en el 2005, no ha sido muy divulgado, y lo que se puede leer en la página de la PIPA es muy vago y lleno de optimismo. Espero ver más estudios confirmando tal optimismo.

Importantes son también dos mensajes de Rob Barrel, quien escribe el mencionado reporte. Él recomienda:
1. No esperar para ir a visitar los arrecifes, ya que no se sabe hasta cuando estarán allí.
2. Cambiar nuestro estilo de vida para disminuir nuestro efecto letal en el ambiente.

Si bien estoy completamente de acuerdo con la segunda recomendación, la primera la contradice totalmente: dejemos a los corales en paz, y, sobre todo, evitemos el derroche energético, la contaminación y descarga de CO2 que semejante viajadera representaría.

A mí me basta con que estén ahí. No necesito ir a verlos.