recalcitrante
sólidas, vivas. Palabras que a veces no he escuchado desde hace
tiempo.
acarameladas de las que debía, me remordió la conciencia y el
aroma de un par de naranjas que desde hace días traje a que me
hicieran compañía. Con determinación ataqué a la más
cercana. Hendí uña, mango de cuchara, y hasta tijera.
Al fin logré despegar un pedacito de piel, debajo del cual esperaba
deslizar mis dedos (generalmente hábiles en eso del despellejamiento
naranjístico). Pues no. La piel se ha ido rompiendo a
pedacitos minúsculos, que se empecinaban tercos en quedarse
adheridos a la (a estas alturas ya muy deseada) fruta. Para
más, en lugar de despegarse limpios, o dejaban esa capa amarga que
tanto placer le quita al comer de la naranja, o se llevaban un pedazo
de pulpa. Pero excedí a la naranja! O eso creí.
Cuando, ya pelada, intenté desgajarla, me ofreció resistencia casi
humana, los gajos saliendo más rotos que enteros, la pulpa
amenazando notas, pantalón, camisa, teclado, compañeros de
oficina. Igual, no hay naranja que me gane en terquedad, así
que apresuré un buen pedazo a mi boca (el gran tamaño no por
elección). Inmediátamente reconocí el error... Por
suerte ocupo el lugar al lado de la ventana, y pude evitar el baño
anaranjado de mis colegas. Pero no la burla atónita de mis
vecinos.





jotatrujillo dijo
La próxima vez, aprovecha el primer y minúsculo trozo de corteza que hayas conseguido quitar, pincha con un palillo coloca tu boca en el orificio y aprieta con las dos manos.
Conseguirás la menos el precioso jugo de esa terca, reacia, obstinada e incorregible naranja.
Saludos jugosos y frescos.
5 Noviembre 2008 | 06:46 PM