El 30 de Marzo del año pasado más de 2 millones de comercios y hogares de Sydney apagaron sus luces por una hora, como demostración contra el calentamiento global. Este año varias ciudades disfrutarán de esta hora de solidaridad.
Todos podemos participar: tan sólo hay que apagar las luces!
La Hora de la Tierra será el 29 de Marzo del 2008 a las 8pm (hora local).
Yo aquí organizaré una comilona, que disfrutaremos con la romántica iluminación de antaño. Imagínense qué bello en las ciudades que se apaguen por completo... hasta veremos las estrellas!
Allá me mando, intentando viajar lo más ligera posible, un bolso de dimensiones tontas, ya que es muy grande para pasarlo como equipaje de mano, pero muy pequeño para llevar mucho. Aunque no es malo no llevar mucho. Igual siempre se lleva de más. O yo siempre llevo de más.
Poco antes de regresar me entero de que tenemos un nuevo inquilino. Un tocadiscos, uno de esos artilugios que las nuevas generaciones sólo conocen, si acaso, a través de algunos DJs o personajes excéntricos (lo cual me convierte en personaje excéntrico, ya que de DJ tengo muy poco). Así que de pronto la presencia de esos soles de aura negra, saturnos de anillos sonoros, rodajas de memorias auditivas, encerrados en cajas de olor a tiempo, se hizo tangible. Igual que el deseo de escucharlos.
Dadas las dimensiones y características de mi ayudante de viaje, tuve que hacer una selección muy cuidadosa y estricta. Nada de rayas, ni físicas ni sociales, nada de repeticiones. De la primera ronda de selección, un grupo haría el viaje conmigo. Apenas veinte. Pero para llevarlos en la mano, con escalas y aviones llenos, no me atreví a más. Empaquetados en papel marrón, de tamaño y forma característicos... para los que crecimos con discos de vinil!
En el aeropuerto, con la duda si me dejarán pasar mi paquete. En la taquilla de facturación, ni lo miraron (y no lo escondí, no). Pasó sin preguntas los rayos X del primer control de seguridad. Y el segundo. Se veían muy cómicos los discos, translúcidos como esos de los años 70. Pasó el tercer control, ya sin rayos X. Me acompañó, quitándome las ganas de caminar esperando a la salida. De nuevo pasó el control de la aerolínea, sin siquiera una mirada de reojo. Cuando una sonrisa de alivio se esparcía ya por mi rostro, zás, el último control, dos oficiales militares cacheando a los pasajeros. La mujer, no muy jóven, me cachea (el paquete delicadamente puesto en el piso).
- ¿Y qué lleva ahí?
- Discos.
- ¿De esos de pasta negra que se rompen muy facilito?
- Exactamente. Por eso es que los...
- Póngase por acá - señala una mesa fuera del paso - a ver, vamos a abrirlo.
- Pero por farvor, sólo si tiene cinta adhe...
- ¿Y qué discos son?
- Eer, déjeme ver, tengo...
Aplica la nariz con gesto experto. Se voltea hacia su compañero, que se vé como de diecisiete años:
- Aaah, así es que huelen los elepés.
Él la mira con cara de no entender de qué está hablando. No se acerca a averiguar cómo es que huelen los elepés, sea lo que sea eso. Ella sigue sin detenerse en sus preguntas y comentarios, hasta que me lanza la pregunta que me terminó de esparcir la sonrisa y a la cual le estuve contestando mentalmente por varias horas (por fortuna ninguna de esas respuestas se me salió en frente de la oficial):
- ¿Y qué va a hacer con eso?
Bueno, ahora estoy haciendo con los elepés, los álbumes, los discos, lo único que realmente se puede hacer: ¡escucharlos!
Después de haber estado en Innsbruck, en un limbo viral, en Caracas, estoy de vuelta en casita! Me parece que hace meses que me he ido, y al mismo tiempo es como si sólo hubiera cerrado los ojos por un momento.
Y conmigo me traje una mínima selección de discos (sí, de los de vinil), que despertó las sospechas o curiosidades de la policía aeropuertaria ("¿y qué va a hacer con eso?") y en estos momentos me transporta a un universo que no recordaba existía.
Gracias por las visitas fieles... Voy a ver cómo andan todos!
Voy a ignorar el hecho de que debería dedicar un largo blog a explicar un poquitín por qué no he escrito en tanto tiempo, y dejaré el que inicié hace ya un mes y dos días en su condición de borrador. Digamos que estuve miorjeando.
Hoy simplemente quiero desearles a todos que pasen unos días hermosos. No importa credo (o falta de), ni lugar de habitación, ni color ni condición civil. Compartiendo o no la creencia religiosa que da pié a estas celebraciones, aprovechemos estos días de encuentros o soledades, para meditar sobre nuestros valores, compartir nuestro cariño, y recargarnos de paz y optimismo.
No es tarea muy sencilla, entre la obscena compradera (cuantos parapolvos no se adquieren y pasan a empolvarse en casa de los "beneficiarios"), el corre-corre, etc, uno más bien se llena de estrés, queda cansado y con pocas ganas de compartir nada filosófico con otro ser humano. Pero esta reciente tradición es sólo eso, una tradición, y, para más, reciente. Sé la excepción, pinta un corazón o una estrella y escribe unas palabras de amor. Hornea un pan, una rosca, galletas, polvorones. Teje una bufanda, haz un collage, una cena, lava los platos... Hay tantas cosas pequeñas que dicen mucho más que un regalo apurado y estandarizado. Dá tu amor, que es un recurso natural renovable, y que crece a medida que se dá.
En vez de contarles sobre el derretimiento récord del hielo ártico, o las consecuencias para los osos polares, o sobre la salchicha en hojaldre, o las sopotocientas plantas que me asaltan a diario, o los cormoranes, que esta mañana dejaban estelas de azabache al cruzar el puente, en vez de escribir un poema al otoño, que se ha plantado en el alféizar de mi ventana, lo único para lo que me queda energía es una creación atolondrada.
La palabra me encanta, pero estoy muy vaga con las definiciones. Necesito ayuda!
miorjea
1. f. Dolor de cabeza que se agudiza en la zona de las cejas y en la punta de las orejas.
...por extrañas coincidencias, eso es lo que por años entendí en ese extracto de la conmovedora canción de Pink Floyd "Good Bye Blue Sky ". Misteriosamente, mi malentendido es muy apropiado (si bien no atolondrado) y quizás represente una especie de pre-adaptación mia a preocuparme por asuntos ambientales. El título de la canción también es muy apropiado para el malentendido... Si hubiera un hueco en el cielo (por ejemplo, uno hueco de ozono) le podríamos decir adiós al cielo azul.
el hueco de ozono más grande hasta la fecha:
24 de Septiembre 2006
Hoy se celebran 20 años del Protocolo de Montreal, el tratado internacional para intentar reducir las emisiones de substancias sospechadas de reducir la cantidad de ozono en la atmósfera. 191 países firmaron este tratado, considerado por Kofi Annan como "quizás el más exitoso acuerdo internacional hasta la fecha". De hecho, es uno de los pocos ejemplos de tratados que han sido adoptados de forma relativamente global.
Lo mejor de todo es que los resultados comienzan a verse. Instrumentos a bordo del satélite Aura de la NASA, que monitorean el perfil químico de la atmósfera, revelan que los niveles promedio de cloro están empezando a disminuir. Sin embargo, la disminución del hueco de ozono (que es a lo que se aspira), aun no se ha producido.
Es un páso hacia adelante, y, a mi manera de ver, nos muestra dos aspectos muy importantes:
1) Es posible trabajar unidos para remediar los desatres ambientales, pero
2) la recuperación ambiental toma mucho tiempo.
El hueco de ozono puede parecer muy lindo en la imagen de arriba. Pero sus efectos no se ven nada lindos. Los que tienen estómago fuerte y quieren ver algunas imágenes, pinchen aquí. OJO: es bien feo!
Si uno vive en Borneo o Sumatra, come principalmente frutas, a veces también retoños, granos, corteza, insectos y huevos de pájaro. Si uno posee una hermosa pelambre rojiza, inteligencia extraordinaria, gusta de dormir encaramado en árboles, que por desgracia están situados en Sumatra o Borneo, donde las plantaciones de Elaeis se comen a la selva día a día, para que los humanos podamos consumir aceite de palma. Si uno posee todas esas facultades, pues es muy sencillo pasar de naranja a rojo. Es decir, entrar en la categoría "crítica" de estar en peligro de extinción.
Sí, los orangutanes, Pongo pygmaeus (en peligro) y Pongo abelii (en peligro crítico) son dos de las tantas víctimas de nuestro incesante y obsceno derroche. Ya no sólo debido a la caza furtiva sino a la severa deforestación causada por plantaciones de palma para cosechar aceite (comestible y como biocombustible ) y a tala ilegal.
Me pregunto, mientras contemplo el hecho de que no creo que esté por estos mundos en el momento de nuestra extinción, ¿qué sentirán los organismos que día a día ven la disminución en sus números? ¿Sabrán que somos en gran parte culpables? ¿Habrían cometido los mismo crímenes de haber estado en nuestros zapatos?
¿Nos odian?
El último asesoramiento de la situación se reveló el 12 de Septiembre pasado, en Gland, Suiza.
Me llamo (a veces sí que lo hago, cuando estoy perdida) Dita Vizoso. De sangre gallega, nacida en Caracas, y nomadeando por el mundo.
Cual aguamala, floto de allá para acá... Biología, Conservación, Evolución de las Sociedades, el Altruismo y otros juegos evolutivos... Poesía, el Lenguaje, las Lenguas, la Comida (que estimula o asusta a las Lenguas)...
A los buzos descuidados de vez en cuando les doy un beso. Nada mejor para traerlos a la realidad.